El pie del baobab
no se echa crema por las noches
ni se raspa por las mañanas
para evitar durezas.
Aguanta áspero el tiempo
y el peso de sus brazos
en la cabeza.
Al pie del baobab su madre le enseño
a observar a las personas
a tener paciencia
y dar buena sombra.
Sin embargo
lo que le gustaría de veras
al pie del baobab
sería calzarse una alas
y ver el mundo que las personas cuentan.
2 comentarios:
Que bueno, es buenisimo...aunque tambien con tantos años como viven mira si les contaran historias...tal vez al final viajen mas que tu y que yo...?
Claro.
Siempre viendo lo mismo se ha acabado aburriendo.
Besos.
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